la pieza del hospital, invadida por nosotros El sábado, después de un par de idas y venidas entre los médicos que no se decidían a quién le correspondía darnos el alta, nos la dieron. Por suerte estaba Dori, así que abandonamos la pieza—que ya habíamos convertido en una pequeña jungla de peluche—y nos fuimos a casa, previa pasada por la Neo a despedirnos; la cara de Clarisa era indescrpitible, inescrutable pero emocionada. La cantidad de cosas que habíamos acumulado en el hospital después de once semanas es impresionante; también es notable que haya entrado en el clio de Dori. Otra cosa que es impresionante es la cantidad de gente, dentro del hospital y fuera de él, que ha estado preocupándose por nosotros.

Dori, en el hospital, dándole de comer a Pedro Cuando llegamos los pusimos en la cuna, ordenamos un poco, y fui a comprar helado mientras las damas le daban de comer a los niños; tenía ganas de celebrar. Es la primera vez desde que nacieron que tengo ganas de festejar su llegada, así que compré un champucito para combinar con el helado de limón. En general no me gusta el lemon champ, pero las otras opciones eran directamente champagne, o cerveza, o celebrar con jugo; para lo único que daba el clima era la cerveza, y no era suficientemente festivo como para la ocasión.

Pedro, Oscar, Joaquín y Yanina Esa misma tarde nos vinieron a ver Oscar y Yanina (cuando digo "nos vinieron a ver", quiero decir "vinieron a ver a la familia", por no decir "vinieron a ver a los chicos"), y a la noche vino Gladys, (o será Gladis?); el domingo vinieron Elena, Oscar, Clara, y Yanina a almorzar, y a la tarde vino Mónica y después la Má con el Áchuni, y todavía no se me desdibujaba la sonrisa de la cara.

La familia en casa, por fin Lamentablemente no he podido expresar bien lo feliz que estaba el sábado; eso me sale solamente "en caliente" (aunque no lo escriba, tengo que pensar en escribirlo, darle forma), y no he tenido tiempo de sentarme a contarles desde que volvimos. Bah, miento, el domingo a la Al fin, paz noche hubiera podido, pero Joaquín acababa de hacerse el gil para tomar la leche, y yo estaba bastante frustrado; siendo como soy de subjetivo para contar las cosas, no convenía que se las contara en ese momento.