De repente la persona más importante del universo tiene otro día más del año
en el cual se puede llegar a poner un tanto ofuscada si no se siente
suficientemente mimada. Por suerte es un día suficientemente comercializado
como para que yo me entere del hecho con antelación, y pude tomar los recaudos
del caso: consultar con Pedro y Joaquín para ver qué querían regalarle a su
mamá, conseguirlo, y conseguir algo que pensé le gustaría más como regalo de
estreno de día de la mamá (mi intuición me decía que una pelota fucsia
iridiscente no era lo que Lorena estaba esperando).
¡Ah! ¿Ustedes querían noticias de los chicos? Los chicos están bien... Joaquín
la sigue peleando, aunque el sábado nos hizo preocupar un poco porque
aparentemente el viernes hizo un pico de fiebre, y estaba anémico (quizás de
tanto sacarle sangre para ver si estaba bien). Además estaba molesto,
irritable, chinchudo que le dicen. Los análisis dieron bien, incluso
tiene menos glóbulos blancos que antes, así que lo transfundieron otra vez (es
el turno de Anthony de reponer), lo pasaron a incubadora, tapándole la luz, el
movimiento y los ruidos con una sábana grande plegada muchas veces, y lo
volvieron al C-PAP. El mismo sábado ya estaba mucho más tranquilo, con color
otra vez, y con el oxígeno a niveles razonables (30-40%). A la noche me quedé
todo el tiempo que pasaban despacísimamente sus 23cm³ de leche mirándolo a los
ojos, que los tenía abiertos y curiosos. Debiera haber ayudado a Lorena con
Pedro y eso, pero por suerte se las pudo arreglar sola. El domingo reincidí,
pero esta vez porque le agarró hipo y lo despertó de su modorra con ojos
asustados, y mientras con una mano tenía la jeringa con su leche, con la otra
le hacía mimos en el pecho (con la palma), le servía de sostén de su mano
izquierda (con la última falanje del pulgar), y de su mano derecha (con la
última falanje del índice). Le hubiera sacado foto, porque estaba aferrado a
mis dedos como si fuera lo único que lo salvaría del azote hípico, mirándome
con cara de "¿ya se acaba?", con todo su torso cubierto por mi palma, me lo
hubiera morfado. Lástima que no tenía otra mano para sacar la foto, ni otro
cuerpo para ir a buscar la cámara (que estaba en un estante del otro lado,
obviamente).
A Pedro le queda bien el naranja, también. El turquesa era para su
hermano... por lo menos eso dijo Juanjo, quien elijió los colores. Por suerte
Joaquín no es celoso todavía, y falta rato para que pueda usar el talle.

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