Ayer pudimos sostenerlo a Pedro. Fue una de las cosas más hermosas que
me han pasado, tenerlo en mi brazo (el plural sería abuso de
notación), y estuve como una hora después con una sonrisa
inapelable.
No saqué fotos, porque algunas cosas son sólo nuestras, y pensaba que
era ya parte de la rutina y que podía sacar fotos hoy. Sin embargo
ayer fue puramente coincidental que mientras estábamos ahí tocaba
apagarle la lámpara, y hoy no tocó, así que les debo fotos de
eso. También les debo la emoción, porque me la guardo toda.
Hoy, en cambio, la novedad es doble pero del lado de Joaquín: ha
egresado del respirador y está usando solamente el "zip-up" y oxígeno,
y ya no está con reposo gástrico. En otras palabras, respira solo
(aunque no alcanza a oxigenarse lo suficiente, y todavía temen que se
le colapsen los pulmones), y ha empezado con un mínimo de leche de
Lore para ver si lo tolera, y ejercitarle las tripas.
Pedro no tiene noticias tan novedosas, pero ha tolerado bien la leche
y está tomando como así de tanto ahora, la mayoría de su mamá.
Hablando de su mamá, está mucho mejor en todos los aspectos. Anoche le
dolía muchísimo la espalda sin entender por qué, y en algún momento le
cayó la ficha de que estuvo todo el día con las tetas llenas de leche
(que todavía no sale, pero llenas al fin), y sin corpiño! Encontrada
la causa, la solución fue obvia. Por lo demás sus análisis y controles
dan bien, así que salvo que algo se pudra entre acá y allá le dan el
alta mañana.
Y hablando de su papá (weren't we?), ya había estado con Joaquín, y
luego con Pedro, y ya había colgado la bata y me estaba yendo cuando
Joaquín empezó a llorar. Estaba solo, porque Lore ya se había ido a
sacar leche. Lo más rápido que pude me lavé bien las manos
(hasta las orejas...), me puse la bata, y me puse a hablarle,
haciéndole mimos en donde va el quipá, y dándole mi dedo para que
tenga (la falange). Se calmó, entonces al ratito me desenganché para
irme, e inmediatamente empezó a llorar otra vez (todo ese precioso
aire desperdiciado!). Vuelta a hablarle, mimarle, sostenerle, y él
vuelta a calmarse. Esta vez esperé un poco más y me desenganché un
poco más tranquilo, y me pude ir...
72 horas tiene el pibe, y ya me maneja. ¡Ay de mí!

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