La decisión de emigrar me pesa.
Me pesa desde lo más egoista de mi ser. En Argentina, en Python y en
Software Libre, soy alguien. En otro lado no soy nadie; tengo que
empezar de cero a ser alguien otra vez (porque me gusta, por qué
negarlo). Hasta mi nombre deja de ser distintivo fuera de este lugar
de nombres de vademécum.
Me pesa, también, hasta lo más altruista de mi ser. Creo, sigo
creyendo, en la capacidad de cada persona y de cada pueblo de
superarse, y quedan acá en Argentina mis ganas de catalizar los
cambios que creo que hacen falta.
Mi incapacidad de efectivamente hacerlo me la llevo.
No es la primera vez que me tengo que enfrentar con mi incapacidad
para algo. O mi cobardía para intentar, que muchas veces es lo
mismo. Creo que esta vez no me pesa, porque es un todavía no me ha
salido hacerlo.
Lo que más, más me pesa es el lío que les vamos a armar a los
chicos. A Joaquín sobre todo le cuestan mucho los cambios. Yo sé que
hacemos el cambio convencidos de que es para mejor, que hasta en el
corto plazo vamos a ver mejoras, pero ésa es mi cabeza. Mi corazón no
lo sabe, se niega, y se retuerce ante la sola idea de irnos. De irme.
Y así como se retuerce el mío, retuerzo el de ellos.
Al poco tiempo de que estuviéramos vivendo en esta casa saltaron la
reja y se llevaron unas herramientas.
Trajimos a Canela.
Unos meses más tarde llegamos de vuelta de la cena de nochebuena y
encontramos que habían roto la reja, entrado, y se habían llevado mi
notebook y la de Lore, y algunas otra cosas.
Pusimos alarma.
Hace algo de un año unas seis personas armadas encañonaron a Lore
entrando a la casa de mis suegros, y tuvieron a la familia de Lore
(incluyendo a Pedro y a Joaquín) por un par de horas mientras vaciaban
la casa. No pasó nada más grave en gran parte por el trabajo de
mediación de Lore (así quedó su estómago, también).
Mis suegros pusieron un portón automático; hasta el día de hoy Lore se
pone frenética si demoramos demasiado entrando o saliendo de la casa
de sus padres.
Cuando fueron a hacer la denuncia se la tomaron de mala gana, mala
manera y peor forma; cuando mi suegra reconoció a uno de los tipos en
una obra en construcción, no le dieron bola.
Hace unos cuatro meses entraron dos personas a mi casa a punta de
pistola, con nosotros cuatro ahí, y se llevaron todo lo que
pudieron. Joaquín tardó una semana en dejar de tener pesadillas porque
en un momento le apuntaron directamente a él, y él estaba convencido
de que lo iban a matar. Está convencido, hasta el día de hoy.
Lo que nos enteramos después es que nuestra casa está en una franja
que es tierra de nadie, donde “estas cosas pasan” (levantando los
hombritos), y que demos gracias porque no pasó algo peor.
Todavía Pedro y Joaquín no entienden, en realidad ni ellos ni
nosotros, por qué la policía no hizo nada, pero lo cierto es que no
hicieron nada.
Después del último asalto a mano armada (¿por qué recién entonces? No
sé) nos preguntamos dos cosas: por qué nos pasaban estas cosas, y
adónde podíamos ir para que no nos volvieran a pasar.
Nuestro análisis de por qué nos pasaron estas cosas es largo,
complicado, matizado, y no exactamente científico. Pero básicamente
nos parece que nuestro país se está polarizando, con la brecha entre
ricos y pobres cada vez más grande, y con el gobierno activamente
favoreciendo esa tendencia. No hay ninguna señal de un rumbo distinto;
desde el facilismo del asistencialismo, los servicios y la
infraestructura públicos completamente dejados de lado. Con el sentir
político/partidario que no ha cambiado desde la época de los
caudillos; no hay un crisol de posiciones en nuestros senados, sino el
“o somos amigos o somos enemigos”. No veo manera de que de ahí salga
algo que se resista a los caciques que parecemos terminar eligiendo.
Al principio, mientras madurábamos este pensamiento, pensamos en
mudarnos. De barrio, de ciudad, de provincia, a algún lugar donde
podamos estar tranquilos los próximos 15 años mientras los chicos se
hacen hombres.
Después de haber madurado ese pensamiento, llegamos a la conclusión de
que el lugar adonde nos queríamos mudar no estaba en Argentina.
Así que en marzo de 2011 nos vamos.
Estaba tratando de escribir mi propio sistema de comentarios que
funcionara bien con Weblog, pero me harté de no tener tiempo. Así que
estoy probando Disqus.
In Argentina it's mother's day today. Happy mother's day! If you have
a mother in your life, give her an argentine hug :)
Hay un juego
en childsplay que a los chicos les
gusta bastante, que ellos llaman el “aba-aba”, y cuyo nombre dentro de
childsplay es “packid”; una variante de PacMan (por si no lo jugaron
nunca, el nombre que le pusieron los chicos es onomatopéyico). Como son
chicos, les gusta pero se aburren rápido. Les quise encontrar alguna variante
de lo mismo, y buscando con apt-cache search encontré uno
prometedor:
Package: hannah
Description: pacman-like game, child oriented
Help Hannah's Horse is like a cross between Pacman and the Dizzy game
"Fastfood". The objective is to move Hannah to collect the pills around
the maze while avoiding the ghosts. Moving around the maze there are also
carrots which Hannah must also collect in order to complete the level.
Como parecía inocua la descripción, lo instalé. Y me encuentro con que en
realidad Hannah es una tipa que se da con pastillas mal. Si no,
juzguen ustedes mismos:
¿En qué estaban
pensando? En la pantalla inicial te hace creer que junta las pastillas
par su caballo enfermo, pero el efecto de sonido no deja ninguna duda que no
es lo que sucede.
Ahora, todo bien con los juegos sobre el tema droga; me he divertido
bastante jugando dopewars, por
ejemplo. Pero si lo vas a hacer, no le pongas “child-oriented”. ¿OK? ¡Gracias!
Subí las fotos que tengo del cumpleaños de Pedro y Joaquín a flickr. Las sacó Lore con el celular, así que no son ni muchas ni particularmente nítidas, pero es lo que hay.
Un cuento que desde siempre les cuento a los chicos es el de “The Tale
of Petter Rabbit”, de Beatrix Potter. Al principio se los conté con
libro, pero después fue de memoria, así que probablemente se haya
alejado un poco del original. Lo que les cuento empieza más o menos
así:
Había una vez un conejo que se llamaba Peter Conejo que vivía en un
banco de arena en las raíces de un gran pino en el medio del
bosque. Vivía con sus tres hermanas—Flopsy, Mopsy, y Colita de
Algodón—y con su mamá, la Señora Conejo.
Un día, su mamá tenía que ir al súper a comprar unas cosas. Entonces
les dijo que podían jugar en el patio, o incluso salir a recoger
moras al bosque, pero que de ninguna manera podían ir a la huerta del
Señor MacGregor.
es un cuento que conocen bien, casi de memoria, al punto que cuando me
piden que les cuente un cuento de cualquier cosa, si yo empiezo “Había
una vez un cualquiercosa que vivía en un banco de arena en las
raíces de un gran pino en el medio del bosque”, ya saben que les estoy
haciendo una broma.
Para su cumpleaños les regalaron, entre una montaña de cosas, un
cuadernito de los Power Rangers, con las hojas en blanco. Haciéndome
el que leía, empecé
Había una vez un power ranger que se llamaba Power Ranger Rojo que
vivía en un banco de arena en las raíces de un gran pino en el medio
del bosque. Vivía con sus tres hermanas—Power Ranger Amarillo, Power
Ranger Azul, y Power Ranger Verde—y con su mamá, Power Ranger Negra.
Un día, su mamá tenía que ir al súper a combatir las Fuerzas del
Mal. Entonces les dijo que podían jugar en el patio, o incluso salir
a recoger moras al bosque, pero que de ninguna manera podían ir a la
huerta del Power Ranger Robot Gris Marrón y Azul.
Pasó algo muy raro: por un lado, la cara de fascinación cuando empecé
a contarlo, como si nunca antes lo hubieran escuchado. Por otro lado
el que claramente sabían que estaba inventando (porque sabían que el
librito estaba en blanco), pero que aún así me completaban la
información que faltaba (por ejemplo, el que la huerta fuera del Power
Ranger Robot Gris Marrón y Azul). Estuvieron con los ojos grandes como
platos hasta que lo terminé, y después tuve que adaptar también el
“The tale of Benjamin Bunny”, que es de cuando Peter Rabbit y su primo
vuelven a buscar la ropa que se le queda enganchada en una red
mientras intenta escapar del granjero. Esto porque la idea de un power
ranger sin su traje es mucho más preocupante que la de un conejo sin
su ropa, aparentemente.
Así que ya saben: los Power Rangers con guión de Beatrix Potter serían
un éxito.
Guess what? My Wordpress got infested again. I had flashbacks of
Windows 95. And I dropped it and ran.
This thing here is ugly, and sparse, and still needs lots of work. But
it will be a cold day in hell before script kiddies can hack this one.
The next thing I've got to do is import the old posts (and comments?).
You might notice this new blog has no comments. I'm still not sure if that's a
good or a bad thing; right now if you want to talk to me, you can reach me in
several different ways (the easy ones are sending me an
email, or a dent, or
even a tweet).
Or you can (gasp!) pick up the phone.
When I have time, if I get over the talk-to-me-and-I'll-scream that I'm in
right now, I might implement comments, pingbacks, and all that stuff.
Not today.